La Coca de Facucha, del texto OJO xOJO
LA COCA DE FACUCHA
Nuestros ancestros y las
generaciones de hoy comparten la costumbre de masticar la coca, milenaria
planta de muchos atributos alimenticios, tanto como acompañante espiritual de
hombres y mujeres, compañera de la soledad y creadora de mitos religiosos, afianzados
de predicciones honrosas, promotora de fervientes relaciones energéticas entre
el humano y su propia naturaleza. La tía Facucha creció en ese colosal
idealismo de anunciar pesares y alegrías, luego de coger un puñado de hoja de
coca, apretarlos suavemente y susurrarle palabras, muchas interrogantes sobre
el mañana y con nostalgia sobre el ayer. ¿Cuál sería el agrado y
satisfacción, cuando afirmaba que la coca estaba dulce? , y responder a la interrogante ¿Quién morirá? , al sentir un sabor amargo en la saliva. Nunca cambiarían esta rutina, tal
vez algún día cuando la tía Facucha no esté en esta vida, dejándose sentir por completo en el curso de los acontecimientos, sin perjuicios de ser afectado por los
pronósticos reservados de ambos: La tía Facucha y la coca.
Ñamu, con la curiosidad por lo
subjetivo quiso probar la certitud de las predicciones de la coca de Facucha.
- Tía, mañana son los exámenes para
la universidad, puedes preguntar a la coca si será favorable o no.
Lo del concurso de admisión ocurrió tal conforme se
había programado, no se podía notar alguna magia que pueda alterar el curso o
favorecer a alguien, una vez y tantas veces las máquinas de IBM no podían
equivocarse en el examen del presente año.
A excepto que los operadores y la mafia
lo consienta.
- Hermano ¡ven pronto!, aquí en
esta hoja, ¡mira! esta nuestros nombres ¡hemos
logrado ingresar!
Antes y después de la consulta
solicitada por Ñamu, cuando pretendía cerrar los ojos y dormir se escuchó las
palabras de la tía Facucha:
- La coca avisa, el éxito esta con
ustedes “Bruto serán aquellos que se
dejan absorber por la desconfianza y fatalidad de no lograr hacerse una profesión”. Vayan
tranquilos hijos, Dios los guie.
Culminaron las clases en la
universidad y las primeras vacaciones se
avecinaban como un deseo cumplido,
anhelaba regresar al barrio. Tenía que ver a su madre y también le
entusiasmaba saber algo de los amigos, luego describirles las
bondades por continuar los estudios superiores. Comunicaría a su madre los sentimientos reprimidos, aquellos
que pudieron cumplirse cuando todavía frecuentaba a su lado, debería sincerarse
y confesar sus sentimientos torpemente
escondidos, además no podía seguir así, durante mucho tiempo absorbido por
la cobardía y el egoísmo, mostraría
con firmeza su amor a ella, expresaría al momento y no otro día los
sentimientos reprimidos.
- ¡Sí! ¡Deseaba ver a su madre con
urgencia!
Al regresar a la capital tuvo la sensación de triunfador, contaría a sus
amigos la hermosura de nuestras tierras y el nuevo paso obtenido en los
estudios universitarios. Un buen momento para trasmitirles consejos a todos
ellos, motivarlos a superar las travesuras del consumo de la droga y las malas
costumbres de apropiarse de lo ajeno.
-
¡Sí se puede! ¡Vamos amigos levanten la frente y hagan realidad sus sueños!
El país es muy grande y requiere de nosotros,
Regresó a Lima. Al bajar del transporte interprovincial, se acerca un
canillita con ganas de adquirir prensa
escrita e informarse de los acontecimientos en el país. El periódico anunciaba
la convocatoria a elecciones generales por parte de la Junta Militar, el
panorama político se teñía nuevamente de una aparente apertura democrática.
Ñamu había crecido en el amor
maternal de mujer provinciana, con la sapiencia de ella formó un prototipo de
carácter dispuesto a bregar y no rendirse ante la adversidad.
Estudiando en la universidad se abrían muchas puertas en
su conciencia, alguna de ellas con luz
propia, consecutivamente estaba seguro de lograr una profesión en el plazo más breve.
Recordaba aquellos días cuando nutria su conciencia al avizorar los picos y
cumbres de los cerros desde el llano costeño, embriagado desde allí del folclor
musical, imaginando un sinfín de sucesos, a ocurrir en el mundo andino en caso
de pernoctar por esas tierras. La sierra, la selva, los montes, las chacras,
los animales pronto dejaran de ser un misterio y el mañana sería el presente,
por eso requería de un espíritu
aventurero, con capacidad de entender los fenómenos insertos en el espíritu de
los dioses de estos parajes. Así se esquematizaba el futuro para Ñamu, toda vez
que atardecía junto a las frías temperaturas en invierno y calurosas tardes en
verano del cielo limeño.
- “Pronto se acabarán las clases de
segundaria y seré capaz de construir muchas propuestas”, fue la frase que lo motivaba para
hacer y rehacer sus planes anteriores, decidiéndose tomar las riendas
del camino en los misterios del Perú.
A su
retorno de la ciudad limeña, luego de
equilibrar los dos escenarios, comprendía mejor el atributo de su destino. Esa
mañana salió muy temprano a conocer mejor la aldea, ya el sol radiaba de calor el ambiente y el espacio aéreo del infinito mostraba su
esplendor, de un azul agradable para los
ojos humanos, el viento de las once soplaba con la fuerza necesaria, hasta
refrescar el ambiente caluroso. Los techos de las casas mantenían aun las tejas,
en perfecto estado de conservación, las
paredes y los cielos rasos construidos con carrizos y mucho barro mantenían un
ambiente de frío en el interior, pocas ventanas y las que se mostraban eran
pequeñas. La gente de estas tierras
mostraban su particularidad en el colorido de su vestimenta; calles estrechas y el cura haciendo misa los domingos,
todo ello mantenía el título de hospitalario, claro con el concurso de muchos
arrepentidos del pecado cotidiano. Esta vez Ñamu decidió caminar un poco más, subió
a las alturas de las colinas de Nauyan
Rondos, no interesaba el tiempo, deseaba recuperar hasta el atardecer
los días que no gozó de la dicha de percibir a la naturaleza, esos antojos
infantiles ocurridos en el barrio limeño. De ahí, de lo alto del cerro pomarino
se avizoraba los diversos huertos, estos mercados naturales lleno de muchos
frutales. De las lúcumas, del café, las naranjas, los ciruelos, el pacae y
muchas más. Observando desde la cima, acostado en cúbito dorsal, tendido en el suelo,
esperando de Luna Llena y ella se
anuncie por sí misma en la cumbre del cerro San Cristóbal. Ñamu sin quererlo
balbuceaba palabras impensadas:
-
Luna
Llena, en esta parte del planeta eres incomparable, emocionas los espíritus
terrenales desde tus primeras ondas gravitacionales, te levantas en buen
augurio desde las cumbres montañosas del San Cristóbal. Despiertas las alimañas en el campo, alumbras las
grietas y lías con nubes intrusas por pretender opacarte, siento tu cercanía, carismática compañera.
-
¡Oye
muchacho, tienes que despertar, caminas estúpidamente!- Gritaron a viva voz de
un conglomerado de personas.
-
¡Ya
paisano! Cruza la pista que te cae el mixto.
La gota de agua de las
torrenciales lluvias fueron determinantes, pero este muchacho no se comparaba
en nada al resto de poblanos. Por momentos buscaba explicaciones a las
múltiples interrogantes que surtían en su cerebro, comprendía muy poco los
sucesos. Escapaba de los pertrechos acumulados en su consientes pisadas, las
que marcaban huellas de angustia y no podía evitar rozar con las féminas
pueblerinas, al caminar por sus angostas veredas.
-
“Los
democráticos te quieren matar con su justicia despierta Ñamu”-le advertía su conciencia.
-
Ese
chico esta cojudo, no tiene noción de sí mismo. Camina sin el sentido de las cosas
que pueda ocurrir adelante- Mencionó la vendedora de frutas.
-
¡Sí!
No dice nada, no responde un ápice.
-
¡Maldición!
¿A quién le interesa mi árbol genealógico? ¿Tanto problema que no explique mis
primeros días, en este jodido pueblo?
-
Me
parece una tontería todo esto ¡Al diablo la gente!
No había dudas, el nuevo nicho socioeconómico
donde se encontraba daba muestras de hospitalidad, propio de las aldeas,
caseríos y comunidades andinas, aquí prevalecía el respeto:
-
¡Buen
día tío!
-
Buen día niña.
La pulcritud y decencia del
saludo expresaba el sentir de los habitantes,
aspecto diferente al barrio, no
dudó en mostrar mayor reverencia a la
humildad.
-
¡Buen
día niña!
-
¡Buen día linda señora!
Ñamu recorría las calles pueblerinas, de lugar
a lugar, reflexionando y con síntomas de confuso personaje, ante tanta
reverencia. Se sentía confuso tendría que empezar a investigar su procedencia.
Para él la identidad constituía un elemento fundamental en su formación
El vía crucis de su familia constituía
un tramo poco conocido, conocerlo y aceptarlo como tal permitiría resolver los conceptos
racistas, de esas palabra sueltas por los chalacos, estos que calificaban a los
provincianos de “esos
serranos”, términos despectivos que
motivaron a muchas broncas, así como fue la pelea con los palomillas del barrio
Chalaco.
-
¿Quién
habrá iniciado el tronco genealógico, de lo que soy hoy?...no sé. Tal vez un ligero semen de algún español
pervertido se depositó en las entrañas agrestes
de una mujer andina.
Ñamu transitaba en un ambiente de su agrado, las calles de Huánuco
mostraban un fluido interés por satisfacer a propios y extraños, los burritos
cargados con diversos productos se entrecruzaban, unos llegaban cargados de
alimentos producidos en sus parcelas y otros regresaban con sacos de alimentos
procesados en las ciudades; también las acémilas traían rajas de leña seca,
escobas de pajas y de vez en cuando ollas de barro producidos en Mitobamba. No
había duda sobre una economía de subsistencia muy bien sustentada, a veces el
dinero no servía, ante un trueque muy bien consentido por los lugareños.
De todos modos se sentía aun
confuso, lo percibido no llenaba la inquietud de las múltiples interrogantes
grabados en su mente, esos recuerdos de
épocas pasadas descritas en las reuniones nocturnas de su familia; pensaba de
su origen, creyendo a veces en ser
depositario ancestral de herencias ajenas, dejado por bandoleros o justicieros,
¿y por qué no de mujeriegos?, de ricachones, caudillos y de promotores de insurgencias, estos también
serían una buena fuente para determinar
su procedencia.
-
Si es
Achcay mi ancestro, entonces ella parió tormentos para esta humanidad, entonces,
no debí nacer madre.
Tormentosa Achcay, puerta de
ingreso al pasado, empotrada quebrada de aguas alcalinas, discreta y temblorosa
en el invierno, agónica de aguas pluviales en el verano, inquilina de las
alturas serranas de la provincia Dos de Mayo; muy temida ella por los
terrícolas y sus instrumentos de modernidad; no encontraremos un domaino que se
niegue haber nacido antes de santificar su existencia, luego de haber bebido el
agua de ese lugar.
Achcay vive en estas frías tierras, está aquí
desde centurias. Se hizo mujer a fuerza
y voluntad de su propia naturaleza, tan complicada ella que se ha
convertido en un hito misterioso para incautos. Cuantos recios y habilosos
conductores de vehículos rodantes cayeron en los encantos vaginales de Achcay. Anatomía humana en la oscuridad y
quebrada caprichosa en el día; de su
vejiga se vierten la bilis más amarga de la naturaleza herida, brincando
sobre los rodantes el líquido libidinoso de charco envenenado; ella, a pierna
abierta permitía que salpique la arenisca y lajas de caliza sobre los atrevidos
viajeros.
Aquellos tiempos, una hermosa warmy de la nación de los Guanucos
aceptó ser la colla del Inca Illathupak. El inca
requería de guerreros, con el objeto de engendrar a los defensores de la tierra, fortalecer la resistencia
y organizar un ejército
de libertarios, partía por convencer a las tribus. Achcay representaba para la tribu de los guanucos
el emblema de mujer hermosa y con coraje. Dos décadas de relaciones amorosas y
ella sujeta a los dioses de sus ancestros, esperaba del inca en el lecho eterno de la deidad. Sumida a la
tristeza después de enterarse que el Inca había sido capturado por los
invasores, decidió entonces esconderse
en un poyo agreste, en espera y
salir algún día, cuando el Ylla vuelva a
engendrarla de un solo zarpazo.
Ñamu tuvo la paciencia de
esperar, ser primerizo para estas zonas le impedía retar a la quebrada, no era
capaz de violentar dominios ni menos
domesticar caprichos propios de la naturaleza. El frío cayó sobre su
rostro, Luna Llena gravitaba en favor de
la helada, roturando la noche con sus haces
de luz, sintiéndose solo en estos parajes, fenómeno propio para la piel curtida
de una raza ruda y rustica como los guanucos. Fueron esos momentos para recordar al barrio ¿Qué hacia él por estos lugares? Él no puede ser de estos lugares. Sus apariencias de costeño desprendía el
perfume propio de un extraño en estas tierras.
-
Oye Ñamu
nunca reniegues del lugar que te vio
nacer; yo sí puedo afirmarte que eres de la tierra de Achcay.
-
¡Sí!
Primo, escúchame y voy a explicarte los pormenores de estos lugares, debes
conocer los detalles y vas a ver que encontrarás respuestas a tus peticiones.
-
Ayúdame
primo a comprender este dilema.
-
Cierto, primo, déjame explicarte.
el camino que conduce a las
profundidades de Huánuco como departamento, se llena de vicisitudes. Aquí las
estaciones del año se visten al orgullo
de su propia naturaleza, el camino cubre también su cuerpo desnudo con un manto
polvoriento en verano o una crema deslizante de espesa arcilla en invierno.
Pálida y polvorienta, de sed, escarpada,
húmeda y resbalosa como la mantequilla al subir el jirca Yacshahuarina. Por estos lugares caminaron tus padres como
arrieros. Ruta de peregrinaje y de infamias de cuatreros. Son muchos los niños huérfanos,
señoras viudas, jóvenes abrazados del
dolor de haber perdido a sus seres
queridos. ¿Cuántos
maquillajes habrá experimentado esta geografía?
¿Qué dolores quedan pendientes? - “¡Oh, temible
hombre moderno!...Gritarán las entrañas sedientas
de Achcay, avivadas por engendrar nuevas experiencias a los visitadores.
-
Los pocos kilómetros que
conforman la entrada y salida de Huánuco, en la ruta a Huancapallac o Chaulan,
peligran los días del camino. Han transcurrido un largo tiempo, muchos
regímenes de gobierno pasaron sin mucho que inspire recordarlos; dictaduras,
democracias representativas y los que se vienen hacia adelante están condenados
a no hacer mucho por esta carretera.
Las tías de Ñamu, él pudo
escucharlas en una de esas noches de chacchapeado, hablaban de ellas anticipando el origen de
sus ancestros. Ñamu, fue un sietemesino, nació con temor de ser capturado por
la muerte, luego pudo reaccionar y desarrollar sus sentidos con mucha
facilidad. Siendo tierno, como todo llullo, con pocos meses de edad, marchó
junto a sus padres en busca de esperanzas en la capital, con veracidad
anunciada, esta etapa posterior se describe luego de pasar por los arenales de
Chorrillos, los callejones del Rímac, el barrio Canta Gallo y por último los
hechos ocurridos en Canto Chico.
Por la ubicación del territorio,
ésta pertenecía a la etnia de los
Guanucos. Ahora estaba ahí, se hacía
realidad los días que añoraba estar aquí, justo en la ruta que le indicó su
conciencia y temblaba de miedo por estar viviendo la realidad. Los otros
pasajeros, los paisanos no tomaron en cuenta esta reacción, el carro continuaba
la ruta, brincaba, roncaba; nadie tomó
importancia al percance, eso era de rutina y solo la muerte en el profundo abismo
sería el que cambie la impresión de los paisanos. Cada viajero intentaba
mantenerse en el espacio donde sus posaderas lograron encajar a gusto. Ñamu
viajaba en la canastilla del mixto
contemplando la geografía de la naturaleza viva y sonreía sin temor de
ocultar su origen. Concentrado en la caprichosa carretera y deleitando del vaivén antojadizo al cual
incurría el móvil, viajaba con agrado y
fue cuando soltó un susurro desde sus labios: “Tendrás ticte o caracha, pero
tienes. Que mal estas carretera……”.
La subida a Pampas, Jacas Chico,
Jacas Grande muestra la topografía agreste de una arqueada cushpa
del Ayapiteg. Desde esta cumbre se avizora una serpiente que viene de la
selva de Tingo María, como si hubiera escapado de las exageradas concentraciones
del calor, tratando de abrazar al
Ayapiteg para mantener fría la sangre y así,
concentrar mejor su veneno viscoso.
-
¡Oh,
áspid maldita! – Murmuraba Ñamu- Cuantas veces habrás saciado con tu néctar
acuoso al chillón camión rodante; torturándolo continuamente a aceptar tus
profundidades, ahí donde los misterios de la vida se descubren de por sí solas,
atracción de sueños melancólicos. Plateada boa, serpiente, áspid, cascabel de
la muerte, por más que agites y sacudas tu cola, no lograrás desprenderte de los
malos augurios. Áspera, verruguienta, carachosa, ante la mirada curiosa del
Kotosh de las manos cruzadas. Más arriba, más abajo, subiendo al frío
nacimiento de tu forma helada de pensar, te haces post-viruelosa, como si los
aerolitos del Dios del cielo hubieran escogido golpear con fiereza tu crítica
estructura. Camino, cordón umbilical de semilunas, integradoras de pueblos olvidados,
libre albedrío de incógnitos personajes. Camino que recorres los trechos
más temibles. Valerosa, desafiante de heladas y alturas. Pegajosa y arrugada,
de temperamento rígido y temibles decisiones. De surcos envejecidos,
horizontales llagas, heridas pendencieras. Engreída, misteriosa te haces
camino. Reyna de las alturas, el elíxir de tu misterio permite domar caprichos,
testigo de los partos más sangrientos, cabellos andinos. Aquí está presente el
hombre, el aguilucho, las ojotas, el valeroso. Es él, el indio que jamás
domaron. Inmensa corona inerte Yacshahuarina,
roca milenaria, refugio de los jircas. Enamorada de las estrellas, posadera de
las nubes. ¿Difícil será mostrar tu rostro? Pero estás ahí, voz del cielo, de los cerros, de la tierra
arada, de la quebrada agrietada, del viento, de la helada, de la lluvia que no
llegaba,...........
-
¡Ñamul!
¡Ñamu! ¡Despierta! ¡Carajo! – Le gritaba
su primo- Cúbrete, que estas delirando.
-
¡Gracias!
Bien primo tengo los labios rajados.
Ñamu se había quedado dormido,
tenía el labio rajado, la piel de su
rostro lo sentía desnudo, los pies pesados como el plomo y la razón frígida
como la nevera. Pensó en el fin de la aventura, sus acompañantes también
tiritaban. Se vislumbraba la ira de la
naturaleza desde los nevados del Yarupajá, se podía sentir un aliento perfumado
a nieve. ¡Quien
paga el martirio, carajo! Dijo en algún momento.
Luna Llena desnudaba a Achcay en
su verdadera naturaleza, la esquilmaba
de celos cada vez que ella mostraba
a plenitud su condición de hembra indómita, sacudía las entrañas de la
agrietada vertiente, absorbiendo los espíritus sueltos hacia el abismo
escarpado de dolores y escondiendo en sus profundidades a los incautos
transeúntes rodantes.
-
¡Cáncer
crónico, dueña de galanes! - empezó a
gritar- Hechicera de rodantes, vertiente
caudalosa, pendiente de infortunios, novia de la justicia, vencedora de los
audaces, viuda de los muertos....
-
¡Ñamu
no vayas! ¡Vete!
-
¿Por
qué te llevas almas inocentes?
Ñamu, temió quedarse al pasar la
quebrada, el caudal de las aguas crecía con mucha furia ¿Quién más podía ser? Luna Llena trataría de impedir su paso y él no estaba dispuesto a
retroceder. El carro hizo un tercer
intento por salir del atolladero y expulsando el agua del tubo de escape escapó
con brincos y fuertes ronquidos del motor.
-
Alguien
nos visita después de tiempos, pero para suerte es nuestro paisano- afirmaba un
lugareño.
Ñamu en silencio reía de alegría,
rumbo a su tierra natal. Atrás quedaba Achcay, con ansias de más inocentes
humanos. Se sentía bien por haber pasado una de las primeras pruebas de aclimatación.
Fueron sus padres quienes en sus
veladas dialogaban, recordando sus caminatas por los lugares de sus
ancestros, los múltiples trajines por
estas tierras, ahora entendía la emoción que brillaba en los ojos de su
progenitora cuando hablaba de su pueblo. De los días que solía viajar en la
empresa Chúcaro. De los momentos que
deleitaba de un caldo de carnero calientito en Huancapallac, de las papas
asadas cocinadas con ceniza en la chacra. No podía dejar de comer el espeso
tokosh de papa walash, mejor si era de kurao, de la mazamorra de maíz y el
dulce de queso.
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