LECTURA PARA TODOS
CUENTOS SHISHACOS
Lincoln Soto Gòmez
PUCALLPA – PERU
2016
INDICE
1. PROLOGO
2. PRESENTACION
3. EL PEINE MÁGICO
4. EL
TUNCHE DEL PISHTACO
5. LAS
GALLINAS DEL ABUELO
6. LA
SERPIENTE HUITOTO
7. PAWARMARKA
8. MAMÁ NO SE FUE DE VACACIONES
9. JACUMIRI,
PITZAQUE Y LLONQUE
10.
ROSA Y
TRITÓN
PRESENTACIÓN
He
considerado una necesidad de urgencia realizar literatura sencilla, masticable
para niños en etapa de madurez intelectual y también sea atractivo para los adultos
mayores, estos que acostumbran a leer un poco antes de tomar la siesta. Niños y
adultos sometidos a su propio limbo, de un imaginario insatisfecho. Estoy
seguro que al leer el conjunto de estos cuentos cortos será algo más que una
aventura donde nos sentiremos involucrados. A ustedes mi gratitud por tomarse el
tiempo de abrir las páginas de CUENTOS SHISHACOS.
El peine mágico
En la ciudad de Ucayali,
hace muchos años existía un peine mágico que hacia crecer el pelo a las
chicas, cuando se peinaban. Mi abuelita de cien años dijo que ella hacia uso de
ese peine. Fue una hermosa gitana de ojos como el perla, de bonito y bello cabello quién la obsequió,
Pasaron muchos años, muchos para los días que vivíamos.
En la escuela, había una niña de nombre Alicia,
tenía 12 años, sus compañeras
Carolina y Tatiana se burlaban de ella, por tener el pelo corto y rubio; a cambio, ellas alardeaban de tenerlos largo
y rojizo. Según ellas afirmaban tenían descendencia europea y los apellidos de
sus padres eran las evidencias. Cuantas veces y
bastantes fueron los apelativos que recibió, la mayoría de ellos
relacionados al sexo masculino. “Alicia la varona”, “varoncito”,
“peladito”. Alicia no se sentía
mal, le gustaba así su cabello, pero,
también deseaba tenerlo largo para demostrarle a sus caprichosas amigas que
ella era una mujer.
Un día, saliendo de su colegio, casi cerca de su casa, se
encontró una caja de color verde y tenía una nota que decía:
-
“Al que
se lo encuentre cójalo y encontrará un
peine con polvo de oro que hará…………….su
pelo”.
Alicia miro por todos
los lados, verificando el proceder, pensó no cogerlo y evitar las diversas
farsas que realizaban sus amigas. Luego de comprobar la veracidad del hallazgo y los efectos
negativos de una broma, entonces lo tomó
con sus manos, llevándose a su casa.
Con el temor de
encontrarse con sus padres, prefirió ingresar en forma silenciosa a la casa, no deseaba ser sorprendida, lo que llevaba en sus manos no mostraba
certitud a sus imaginaciones. Llegó a su
cuarto, dejo sus cosas, se cambió la ropa y de inmediato fue a abrir la
caja. Al abrirla, encontró la réplica
del mismo escrito, suscrito en letra gótica, con las palabras siguientes: “Al
que se lo encuentre cójalo y encontrará
un peine con polvo de oro que hará
crecer su pelo”.
Entonces, tomó el peine
y se peinó, fue al espejo y no pasaba nada, se peinó varias veces y todo
resultaba igual. Al momento, maldecía a
la curiosidad y atrevida decisión por coger desperdicios en la calle. Con el
perfil acongojado de frustración se acercó a la cocina, saludando a sus padres
y con el ánimo de consumir la cena servida.
Cuando cenaba con sus
padres, Cristina y Pedro, la mamá mostró su impresión a mirar a Alicia:
-
Alicia
que ha pasado en tus cabellos, los noto
largos y esplendorosos.
Alicia, corrió al espejo
y mostró el placer de niña hermosa. Detallaba a sus padres, que al regresar de
la escuela se encontró en el camino una cajita verde y al interior había un peine de oro. Luego por curiosidad se peinó
conforme el escrito indicaba.
La mamá y el papá fueron
al cuarto de Alicia y comprobaron la veracidad de lo dicho por la niña.
Al siguiente día, Alicia fue a su escuela,
para sorpresa de sus compañeras y todas, ellas, exclamaron de orgullo, con la
boca abierta quedaron todas ellas. No contentas las amigas de Alicia, acordaron
hacerle más travesuras, en un descuido de Alicia, a hora del recreo Carolina y
Tatiana cortaron su pelo. El pelo de
Alicia volvía a crecer y de ellas se les caía. Asustadas las traviesas optaron
por regresar a sus casas con el temor de quedar sin cabello.
Los días pasaron, el
cabello de Alicia crecía y brillaba como el oro. Sus amigas, perdían el pelo,
menos largo que los días anteriores. Por fin decidieron pedirle perdón,
mostrando arrepentimiento y le contaron a Alicia todos los planes en contra de
ella. Alicia, sin temores y compasiva,
saco su peine y los pasó por el cabello de las compañeras. No se transformaron
en oro, pero sí dejaron de caer.
Y desde ese día nunca
más hubo envidia en el salón de Alicia.
EL TUNCHE DEL PISHTACO
Son
dos a tres horas el tiempo que se utiliza para caminar por uno de los tantos senderos de la puna andina, por ese camino de
herradura, sobre la cual muchas almas transitaron en el intento por llegar al
pueblo de Jesús. Jacobo le advertía con insistencia al ingeniero residente, porque conocía la ruta, sabía de los tiempos y
las implicancias si partía en esos momentos. El rostro de preocupación de
Jacobo coincidía con la presunción de advertirle por la decisión tomada por el
ingeniero y parecía ser un eminente día para augurar conflictos en el camino.
-
¡Terco este inge! –hablaba con su mujer.
-
No vayas le dijo, son las cuatro de la tarde
y es demasiado lejos para que llegues con la claridad del día y además no
conoces bien la ruta-insistió Jacobo-.
-
Define bien tu decisión ingeniero, luego no
lamentes las cosas que puedan ocurrir. Esa zona es bastante desolada y
cualquier cosa te puede pasar-reiteró Jacobo-.
Las
advertencias de Jacobo tenían conocimiento de causa por ser lugareño y guardaba en su memoria muchas
noticias de los acontecimientos ocurridos en esos parajes, especialmente al
llegar a medio camino, casi al iniciar el descenso, existe una parte muy peligrosa,
todos lo conocen como Argollamachay.
-
Buenas tardes “inge”.
-
Hola amigo -contestó- ¿vas a Jesús?
-
Por esa ruta mi “inge” luego tomo un desvío,
ni pienses ir, mejor sería si sales de madrugada, no voy al pueblo.
-
Entonces ¿nos acompañamos?, solo te pido que
me indiques el camino.
-
Bueno “inge” es decisión tuya.
Y
fue posiblemente necesario convencerse así mismo para que tome una decisión y
de un salto se separe del poyo donde se encontraba para iniciar la caminata.
- Chao chicos voy tan pronto y volveré el lunes.
Jaime
Tanshiba era de origen oriental, de la zona amazónica, de aquellos lugares
donde el Tunche vive con las comunidades; por razones de su profesión trabajaba
en la trocha carrozable, esta que ya estaba en construcción y por la urgencia
de llegar a Huánuco, con el fin de realizar trámites administrativos sobre la
obra asumió el reto de viajar en esa tarde.
Al
iniciar la caminata, los primeros 30 minutos fueron ligeros y puso énfasis para
descargar mayores energías y alcanzar a su acompañante, quién viajaba
cabalgando un sobrio caballo pinto. El
esfuerzo que hizo no satisfacía su entusiasmo, peor y luego decepcionado al percatarse
de su soledad en la llanura, el jinete y
su caballo desaparecieron del camino. Serían las 5 de la tarde, ya los últimos
rayos del sol se escondían detrás del nevado y sometido a los efectos del frío,
al libre albedrío del influjo naciente de las heladas rocas inertes de la cordillera. De
aquí, al inicio de la noche, sería pronto, el sol definitivamente inclinado hacia
occidente, pronto se impondría la oscuridad. Jaime una vez más consultó a su
reloj de pulsera y daban las 6 de la tarde, fue imposible revocar la caminata. Además,
ya iniciaba el descenso, enderezando el camino con ágil movimiento de los
músculos corporales y por las facilidades del terreno, más las botas con planta
de caucho que llevaba puesto le permitían pisar firmemente el suelo, en ese
incierto trote fue abordado por una banda de perros pastores que lo acosaban e
impedían acelerar el recorrido. Arrojarles una piedra fue infructuoso debido a
que el animal hábilmente los esquivaba, entonces prefirió sacar su serrucho
tipo sable para defenderse, tirando de su mango e inclinando la hoja de metal sobre
el hocico de uno de los perros, fueron certeros los movimientos que hizo, con
golpes contundentes, para que sirva como escarmiento y sea el inicio de la
retirada de la jauría rabiosa. Los cuadrúpedos tuvieron que retirarse con agudos
aullidos por la herida abierta a la altura del hocico. Al segundo animal
también le tocó el mismo destino, mientras el tercer perro lo intuía y prefirió
retirarse.
Luego
de superar el ataque de los perros y a fin de evitar un mayor retraso en el
viaje que realizaba, no le quedó duda para acelerar los pasos y continuar el descenso, al
mismo tiempo el sol convertiría al día en noche irreversible, inclinando la
cresta solar sobre su propia cabellera. Jaime, como profesional en ingeniería
entendía muy bien esta lógica, por eso debería avanzar y avanzar antes que la penumbra lo absorba. Debía esconderse por completo el día con la
ayuda de las nubes, pero eso no fue así, esta vez la naturaleza se mostraba completamente diferente, hubo
estrellas y el viento helado convirtió a las nubes en abrigo de las
cordilleras; así tuvo que continuar, aprisionando con sus gruesos zapatos a los
ichus del pajonal y silbando para que escuche su conciencia el anhelo de llegar a su destino.
El
ingeniero sobrio y atlético, confiado de sí mismo había mentalizado su deseo de
superar todo obstáculo, reiniciando el trote, luego de un breve descanso,
afirmando el maletín en su espalda y con la mano derecha asegurando en sus
puños el sable serrucho. Saltando y brincando sobre las piedras, de laja a
laja, con mucho cuidado, asentaba los
pasos en tierra firme, con el movimiento de sus articulaciones musculares a
diestra y siniestra. De pronto avizoró una inmensa roca que pendía de otra
mayor - ¡Argollamachay!- suspiró, como respirando con paciencia para contemplar
la obra magistral construido por los fenómenos naturales. El solo pronunciar el
nombre de esta roca jalaba otras memorias, esas que se suman a las muchas
cuando fue refugio y paso de los cuatreros. Estos que inventaron al temible
“Pishtaco” para no ser delatados. Los abuelos afirman que los abigeos cocinaban
en grandes peroles las vísceras de las reses robadas para alimentar a sus
perros y también introducían los restos descuartizados de los soplones, previo
a ello realizaban actos rituales con la hoja de coca y mucho aguardiente. Esto
era el secreto para domesticar a los dioses con el mismo espíritu del cuatrero.
Ser y seguir siendo ladrón.
Todo
rostro se configuraría en desesperación con
tal de lograr el propósito por salir de
ese lugar. Debería pasar esa parte del camino antes que oscurezca. Al ritmo que
caminaba sentía mucha energía calórica en su cuerpo y fue cuando dio un salto
felino de las rocas a la trocha, por allí, donde acostumbran a transitar los
paisanos jesucinos. Fue fugaz la exclamación: ¡Ayyyy! ¡Dios! Los gritos de una
paisana que se perdía en el silencio. Ella ya superaba la cuesta y él iniciaba
el descenso. La paisana empalideció al
mostrar un tétrico rostro, trasmitiendo su miedo al burro que lo acompañaba,
quien de un solo rebuzno brincó de su lugar para iniciar una carrera en
estampida, derribando la carga que transportaba y cuesta abajo se perdió en la
oscuridad de las sombras brotadas de la propia roca. Lo mismo y en similar
acto, con el rostro aterrado, la paisana hizo un ágil movimiento para ponerse en
alerta, arrojando su quipichado que llevaba en la espalda, para dejarlo tirado
en el suelo. Ella y el asno corrieron con espanto y mucha prisa, regresando cuesta
abajo. Fue cuando el ingeniero la llamó:
-
Paisana no corras, ¡soy el ingeniero de la
obra!
-
Esta se paró e hizo una nueva mirada hacia el
ingeniero, soltando gruesas palabras: ¡Pishtaco de mierda! Seré mujer pero no
cojuda y volvió a correr con más convicción.
Ante
el susto de la paisana y la reacción del burro por la aparición sorpresiva de
Jaime, éste optó por la risa en carcajadas. El ingeniero no explicaba ni
justificaba el abrupto si no fuera por la soledad del lugar y el tremendo chasco
con la jauría de perros. La situación crítica desbordaba la confusión en su
mente, superando todas sus apreciaciones al no entender las costumbres y
creencias de la población originaria.
Jaime
hizo un rápido análisis de la situación y se dio cuenta que en la mano derecha
todavía tenía el sable serrucho, más la chalina que anudaba la cintura, le daba un aspecto diferente a sus labores como ingeniero
residente, pero, el elemento terrorífico que cargaba lo constituía el serrucho
en forma de sable. Correcto, comprendía la situación, con el reflejo de los
últimos rayos solares el metal resplandeció como el espejo. “¡Ay, caray! -dijo-
lo que asustó a la paisana fue la herramienta de trabajo que sostenía en la
mano y por la mente de la lugareña posiblemente se le vino todo aquello que sus
padres y abuelos advertían. El pishtaco, ese ser maligno que corta en partes a
los humanos. La existencia de pishtacos
que cortan el cuello con largos cuchillos tipo sable y atado a resortes lo
podía estar ligando a él, entonces la imagen que reflejaba en el momento era
seria.
Nadie
aceptaría terminar descuartizado, sin cabeza y hervido en el perol, menos
desearían que su manteca sea comprimida en un frío frasco de perfume para ser
usado en motores especiales. Sin pensar mucho y distraerse en analizar el
asunto ocurrido, Jaime continuó el descenso con trote acelerado. El reino
absoluto de las sombras se apoderó del día y permitiendo que la noche cubra la
quebrada, tendría que salir lo más pronto de esa situación. En su caminata
pensaba en la reacción de la paisana, temía lo peor y lo confundan con un pishtaco; hubo tiempo
para que la lugareña alerte a voz fuerte a sus paisanos y esperen la gente con palos y piedras para
agredirlo. Sentía que el Tunche se le salía:
“Pishta, pishtaco corre, corre Tunchesito”, con pensamientos confusos y
seguro de ser confundido con el temible
“Pishtaco” empezó a correr con dirección a la carretera y antes que lo agarren por
pretender imitar al temible personaje. Le cantaba el alma de la noche en su
propia cama donde dormía y el amanecer le trajo noticias temerosas, ese día,
mediante la principal emisora se anunciaba:
-
¡Noticia, noticia – hablaba el locutor-
confunden a profesores con pishtacos y lo asesinan!!!
-
¿Dónde fue eso amigo?
-
En Pillao pata, allá por Acomayo, en el
distrito de Chinchao.
La
paisana de Jesús alarmó a la población, hizo un gran comentario a su manera,
anunciando que un pishtaco cuida el camino de herradura. “Este personaje lleva
en su mano un sable, usa lentes gruesos, es alto y flaco; también lleva un
maletín para esconder los órganos de sus víctimas y tiene su escondite en
Argollamachay”.
Jaime
dormía en la cama que la Municipalidad le había asignado, le dolía el dedo
gordo del pie derecho, porque en la aturdida carrera por salir de Argollamachay
pateó una roca. Soñoliento todavía escuchó en la radio la noticia que suponía
debía darse:
-
“Comunicamos a los poblanos de las alturas
tengan cuidado, recibimos la queja de una pastora quién afirma haber sido
atacada por un pishtaco…”
Por
largo tiempo el camino de herradura de Jesús a Paragsha fue vetado por la
conciencia colectiva, en el temor de encontrarse con el tunche del pishtaco.
A
Jaime, no le quedó duda por repetir esa caminata, apreciaba su vida y mal haría
regresar por ese camino escarpado. Al enterarse de la muerte de dos profesores
en similares circunstancias en otros parajes de la serranía huanuqueña,
prefería gastar un poco más, pagando un pasaje, antes de ser carnada de la
conciencia colectiva. Estos, originarios residentes, no tan tontos como creen
otros. Decidieron en asamblea comunitaria y por acuerdo comunal matar al
pistaco de Argollamachay. Para ello diseñaron un plan, era cuestión de tiempo y
paciencia, esperarían en sitios estratégicos, escondidos entre los pajonales y
las rocas. Jaime nunca más caminaría por esos parajes, talvez el tunche de su
espíritu regrese por esos lugares, silbaría con tristeza, buscando abrigarse
del frío en algún hoyo de Argollamachay. Con el susto fue suficiente, amaba su
integridad.
LAS
GALLINAS DE LOS ABUELOS
Correcto,
todos, los vecinos coincidían en afirmar la cría de gallos y gallinas, unos
tenían tres pares, otras más gallinas que gallos, el otro criaba de cuello
pelado y también muy pocos eran los que tenían aves de pelea. Es una costumbre escuchar
el canto de los gallos en esta vecindad y también la competencia de estos
mediante quiquiriqueos en todas las madrugadas. Estos que muchas veces
interrumpían los sueños placenteros de la familia. Ricardito y Juan Manuel
llegaron a vacacionar a estas tierras calurosas, seguro que en la imaginación
de ambos se cruzaban miles de ideas por hacer las cosas de buena manera, para
mezclar sus imaginaciones con las cosas por descubrir en estas tierras, mejor si había gallos y gallinas en la casa de
los abuelos, porque habían anunciado establecer una relación amigable con las
gallinas del abuelo.
Ponyi
considerado como el padrillo en el gallinero levantó la cabeza para mirar detenidamente
a los nuevos inquilinos, estaban acostumbrados a presenciar a los abuelos pero a ellos, a
estos pequeños traviesos los sentía
extraños, por eso hizo un cacareo de alerta a su familia.
-
Cagrouuuuuuu
-
Cocorocoocoooo
-
¿Qué tiene ese gallo Juan? Pregunto
Ricardito.
-
Parece que no te conoce. Le respondió.
-
No importa ya le voy a convencer para que sea
mi amigo.
Los
gallos y gallinas de los abuelos acostumbran a dormir en las ramas del árbol de
mango; todas las tardes a eso de las
cinco en orden y respeto de jerarquías
subían al árbol y se ubicaban en los lugares donde señalaron como propiedad exclusiva.
Al parecer, habían dejado marcado con el olor del estiércol acumulado el
espacio correspondiente donde reposaban contentos. A ponyi le gustaba dormir
acompañado por dos esbeltas gallinas. La teretana por ser la de mayor edad solo
atinaba en dar un salto, pero las
gárgolas trepaban hasta en cuatro saltos buscando llegar a las ramas más altas
del árbol. Esa tarde lloraban con
desesperación las crías de la negra carioca, el abuelo a fin de protegerlos de
las enfermedades les daba alimentos especiales, estos pollitos eran engreídos y
creciditos, temían separarse de su madre, es por esta razón que
lloraban desesperadamente, luego que mama
gallina decidiera subir a las ramas del árbol y así fue.
Juan
y Ricardo corrían por el patio de la casa de los abuelos muy emocionados, de
tanto vivir en la ciudad de Lima, se sentían libres en estas tierras tropicales,
observadores comparaban muy atinadamente los momentos, los tiempos, las
libertades, la tv, los juegos informáticos, al final decidieron
criar pollos. Es por eso que
construían espacios para proteger a los pollitos, estas que deberían olvidarse
de mamá gallina buscando refugio. Al último vieron seguro alguna ventaja en criar sus propios pollos y fueron a comprar algunos
en la bodega, a estas le pusieron el
apelativo de “señoritas”.
No
contentos con malcriar a los pollitos de los abuelos y hacerles muchas
travesuras, como el enterrar vivo a uno de ellos u obligarlos a volar desde el
segundo piso de la casa, para luego y en compensación pretender ser médicos veterinarios
intentando curarlos del moquillo; así, al final terminaron como sepultureros al
ahogar en el agua a uno de ellos. El abuelo antes de darles un castigo con la
rama del árbol de limón, los obligó a enterrar a los pollitos muertos. Antes
tuvieron que rezar y pedir perdón al inocente animalito.
Ya
se completaba los dos meses de sus vacaciones, Ricardo y Juan Manuel deberían
regresar a la ciudad de Lima. Muy pronto la casa perdería la alegría y bien por
el tío discapacitado, mejoraría su tranquilidad, este quería a sus sobrinos,
pero también le causaba repulsión las travesuras que le hacían.
Esa
madrugada y por intuición natural despertaron temprano los plumíferos, aprovecharon
la estabilidad del ambiente, el solo hecho de permanecer suspendidos en las
ramas del árbol, cuando siempre y a esas horas sorprendían a los bichos
nocturnos en el afán de regresar a sus guaridas, esta vez sesionaron de
urgencia, con la voluntad de tomar acuerdos sobre el pronto viaje de
Ricardo y Juan Manuel. Se congraciaron
con los nietos del abuelo y deseaban brindarles una despedida.
-
Bien, dijo Ponyi ¿qué les parece estos niños?...Cocrouuuuu
-
Yo creo que los dos son amigables, pero bien
jodidos –dijo cholón gallo- …………….. Carghuuoooo
-
Si pero a mí me daban de comer, dijo
gargolita……piuuuuu
-
¡No! Son demasiado traviesos e insoportables…..garhuoorrr
-
Pero así son los niños, defendía la vieja teretana…….urrrrhhh.
-
No teretana eres muy madrinera, a mí me
separaron de mis hijos, reclamaba la negra carioca…..cacucuuuuuuu
-
Esperen, esperen -el ponyi llamaba a la
tranquilidad- son los nietos de los abuelos y se pueden renegar….cucurucuuuuuu
-
¿Qué va
ser?
-
Pio,pio,pio
-
Cro, cro, cro.
-
No te hagas el tonto gárgola y habla claro.
-
Yo solo les afirmo que me han escogido para
mejorar la raza….quiuquiriquiiii
-
A mí también dijo la hermana de gárgola.
Y se
abrió la noche con un brillo solar espectacular. En la sesión de plumíferos no
hubo acuerdos. Cada uno mantenía sus criterios.
Los abuelos dejaron la cama sospechosamente
temprano.
-
Oye viejo, estas gallinas no han dejado
dormir toda la noche, chapa al ponyi y al cholón gallo hoy hacemos juane,
viajan los nietos.
-
Claro, claro mi amor por último criamos para
comer y no pueden ser de adorno estas
aves.
Esa
mañana fue de alboroto.
Ricardo
y juan, no sabían cómo expresar su descontento, no podían llorar ni menos
deseaban comer los juanes.
LA SERPIENTE HUITOTO
LA SERPIENTE HUITOTO
Corrían
apresurado los viajeros por la trocha, presionados por los minutos que
avanzaban muy ligeramente, además, cada vez que eran copadas por el monte alto
la sensación de oscuridad aumentaba. Los más experimentados hicieron un grupo
de 4 para llevar combustible y víveres al campamento, el más pesado era el
bidón de gasolina, también los alimentos. La selva, con sus árboles y arbustos más
los zancudos a cada paso acompañaban a los transeúntes. El calor en la cabeza y las miles de raíces que se
cruzaban sobre el camino generaban la idea de existir serpientes a cada paso,
fue así que de un salto ligero el guía sanmartinense retuvo el paso para
alertar a los que seguían atrás.
-
¡Aguanten cho! ¡No se muevan!
-
Ay una víbora en ese hoyo.
-
Es un jergón, Tomás.
-
Bendito lamisto, tú sí que vales en esta
vida.
Cogieron
una fina y varias ramas de huito, limpiándola de sus hojas y dejándola
peladita, con ella golpearon a la serpiente sobre la cabeza, ésta sólo atinó en
pretender morder al aire y estirar la cola definitivamente.
Pasaron
la noche en un campamento abandonado, durmiendo sobre una tarima comunitaria,
no había otra forma, se venía un aguacero y ya era de noche, alumbraron con la
linterna al interior para verificar que
ningún bicho peligroso atente contra sus cuerpos. Podría ser un escorpión o una
araña escondida dentro de la chapaja, usado para cubrir el techo, insectos
temido por ellos y deseaban prevenir su estadía.
Al
amanecer iniciaron el periplo, caminaron unas horas más para llegar a orillas
del río, en esta dispusieron de un descanso breve hasta encontrar la forma de
pasar al otro lado para continuar y llegar a su destino.
Tomás,
llamó al guía para consultarle si era posible usar algún medio para cruzar el
río.
-
Sí, le dijo, cortaremos varias topas y
haremos una balsa.
-
¡Hey! Aquí hay una topa bastante gruesa y
podemos ir todos.
-
Bien pero agreguemos unas más pequeñas para colocar
las cosas - recalcó Tomás.
Una vez
más se avecinaba la noche, y cuantas vueltas recorrieron sobre el caudaloso río
sin poder llegar al campamento. En una de esas vueltas se unieron con otra
vertiente, de ella salía aguas verdosas y espumantes que al chocar con la balsa
estremeció su estructura. La topa más gruesa se hizo blanda y tomó vida,
moviéndose con felina agilidad, desde la popa levantó su cabeza para mirar a
los viajeros, quienes sorprendidos buscaban saltar al agua.
-
¿Qué es eso paisano? Preguntó Tomás.
-
Serpiente gigante patrón ¡salten, salten al
agua!
-
¡No carajo! No suelten el tamish, aprieten
para que no voltee la cabeza.
-
¡Ay! ¡ay! ¡ay!
Fue
violenta la reacción de la serpiente que arrojó a las orillas del río a Tomás,
tras él la serpiente con su boca abierta para tragarlo. Tomás no tuvo mejor
remedio que coger el machete para asestarle dos hincones y aniquilar a la
bestia, las que al parecer eran insuficientes.
-
¡Huitotooo! ¡huitoto!
-
¡Serpiente huitoto!
-
Despierta patrón anda ve a tomar tu chapo,
mucho sueñas.
Desde
ese día le llamaron Totò, al patrón y él se sentía de agrado.
PAWARMARKA
Vieron un largo destello cruzando el oscuro cielo y luego
de expandirse al chocar con la cumbre de uno de los cerros se escuchó un ruido
ensordecedor.
-
¡Pawarrrrrr…!
Es posible reencontrarnos con nuestra propia cadena de vivencias, resolver
los misterios del mito, esos que se relatan constantemente en los momentos de
la parla, mejor entendido y de satisfacciones mutuas, es decir, en momentos de
la chaccha. Tarea inmensa para una persona novata, así exista las ansias de ir más allá de la realidad, un
camino por seguir, una meta inagotable. Punko encontró en los parajes de la serranía lauricochana respuestas a las
múltiples interrogantes truncadas durante su niñez.
Fueron los mitos comunitarios, escuchados en las charlas
nocturnas entre sus padres y tíos, los que
alimentaron el ego, llevándolo a inmiscuirse en la búsqueda de respuesta. No podía aceptar el cansancio y menos la
renuncia, entendía la magnitud de la
responsabilidad y el poder por satisfacer a sí mismo, fueron años de incertidumbre
y espera, había llegado a la edad deseada
y esta imponía reglas, obligándolo a
rendirse ante la nostalgia empoderada
en su glabro cerebro. Dio un salto, desde la fría cama, hacia la puerta,
frotándose las manos y seguidamente, alzarlas a la altura de su boca para
emitir un cálido aliento, mientras las frotaba, tratando de lograr un poco más
de calor corporal. Así pudo acercarse a
los lugareños, quienes de muy temprano transitaban junto a sus ganados por las
principales calles; él al percatarse de la hospitalidad, así como la contagiosa
y determinante fragancia pueblerina se
acercó un poco más, reclamando recelosamente del abrigo solar, ese sol que
acompaña al frío amanecer en esta parte
de la patria.
Sin duda y obligando tercamente a los músculos, se animó
a transitar los 8 km de longitud de la carretera Paracsha
– Concepción en forma diaria, pretendiendo cumplir con sus labores y con el
riesgo de ser absorbido por una de esas noches, un mal día de la estación
invernal, esta que podría convertir su intrepidez en desgracia consentida. Por
supuesto, durante el trayecto, tendría
que encontrarse con el pasado y el presente. Además, en el documento
contractual se indicaba ciertos aspectos del riesgo. Tanto así, para culminar
el corto peregrinaje, aceptó, por
decisión propia, el acompañamiento de las sombras amorfas creadas por el
influjo de la luz lunar, al cubrir esas rocas
unidas por caprichos geológicos. De ahí
bebería las cristalinas aguas para saciar su sed, esas aguas drenadas por la
pétrea configuración, adaptada al capricho natural; de esos escapes
subterráneos brotaba el líquido, luego de haberse acumulado en el inmenso
manantial conocido como lago Lauricocha.
-
¿Cómo
hacer de exquisito la historia de un pueblo? Se interrogaba.
-
¿Serán
los relatos de las visiones, de los espíritus que caminan sobre los fríos
pajonales de estos parajes?
-
¡Punko! –
saltó un sapo expresando su nombre y le dijo: “Las memorias de nuestros auquis
y sabios persiste en el tiempo, con
ellos se preservan muchos secretos”.
Punko pretendía resaltar un proceso marcado por el misterio de la cosmovisión
ancestral, estos, seguramente se encontraban en ese tramo, la intuición por
descubrir el drama andino ya era un avance. Convencido y con el fervor en la mente, alimentado en la
redención cultural de los sujetos actuantes; es decir, el ser y el espíritu
expresado en el mito, una relación por ocurrir en adelante, episodios señalados
por los propios pobladores. Correcto. Los lugareños perdidos en sus memorias
rescatan una serie de elementos y actúan en el ambiente que los rodea, es la
fuerza de sus mitos. Punko había
confirmado de algún modo lo escuchado, mucho más, luego de recorrer
las ruinas de Pawarmarka, Warwaín, Auquinquiswar, y tomando como suyo las charlas de los
auquis, estos que mueven las memorias de una generación a la otra, garantes del
conocimiento andino y tantas veces manifestado
en las festividades anuales.
Las sendas de la
ruta y la tarde cercana a la noche, así como el frío que golpeaba sus narices y
los ladridos de los perros pastores, motivaron para que una luz flácida de lamparilla
se mueva de un lado a otro. Desde los hogares ribereños hacían señas, aspecto
que ya conocía Punko, tuvo que hacer señas, de ese modo evitaría que lo
confundan con un abigeo, por eso tuvo que marcar el paso y caminar ligero, encontrando de ese modo el calor muscular en
sus piernas y el ritmo de la caminata.
Punko pecaba de ser curioso, previamente había elaborado un croquis de ubicación de los principales
hitos donde levantaría información. En el pequeño cuaderno de notas hizo un
mapa, al sur había considerado al jirca Pawarmarka, al norte al jirca
Auquinquiswar y al este al jirca Pinkuyo. En conjunto era una descripción
curiosa de la naturaleza, formando en su configuración geométrica una
intersección casi perfecta. En geometría
expresa su parecido a la figura triangular, las bisectrices nacientes en las
tres aristas se intersectan para mostrar
manifestaciones alegóricas; así son las múltiples expresiones folclóricas guardados en
la memoria, expresada en las propias energías activas que dominan el territorio
y el contenido fantasioso de los múltiples relatos de los lugareños.
- ¿Eres tú Allpu?
Punko hizo una pregunta cuando aún no pasaba el puente
Shongopunko y pudo percatarse que desde la parte oscura, ahí de donde se
elevaba una roca simétrica salía un brillo inmenso en forma de mujer, cerca de ella, un cuadrúpedo mostraba sus ojos de fuego y
con el hocico humedecido por la baba.
- ¡Permíteme pasar
Allpu!
- Voy en busca de un destino truncado por la historia y
deseo………eso, si lo deseo pronto.
Luego de los sucesos ocurridos en Shongopunko y del mismo modo volvía a repetirse en la
quebrada Agoshragra. De un codo formado por una quebrada colmatado por arenilla
blanca, se asomó la sombra de otra
fémina-.
- ¿A dónde vas preocupado hombre? ¿Qué buscas por acá?
- No puede ser, dos veces es imposible, pretenden frustrar mi
trabajo -expreso Punko-
- ¡Punko! Puedo leer en tu pensamiento los motivos que te
empujan a pernoctar estas tierras,
- Estoy cansado, debo descansar. Son los efectos de la falta
de una siesta, he caminado casi toda la noche, debo dormir y esperar la luz del
nuevo amanecer.
Pudo ser una o dos horas de espera, durante este espacio se
quedó profundamente dormido, sobre y entre unos ichos reflexionaba en sus
sueños. Para él los pueblos eran parte de un
eslabón de resistencia y poco servía para el desarrollo del libre
mercado, contrario a ello existían ancestralmente las alternativas comunitarias,
estas que se encuentran sentenciados a ser dependientes de hábitos y costumbres “desarrollistas”. Punko
era un convencido que el proceso de
domesticación extranjerizante se acentúa conforme avanza el desarrollismo, criterios
dependientes de una herencia y un
futuro ajeno a las nacionalidades. Un plácido
y frágil sueño capturó a Punko, dormia inmerso en el desarrollo de una profunda
meditación.
- “¿Por qué no oponernos a ser objetos de los profetas de la
tecnología moderna; por qué aceptar la
“calidad total” y sus “transferencias
tecnológicas?”, para qué aceptar los libretos occidentales si lindan con
nuestra identidad y costumbres milenarias.
Muchos, como los 500 años de colonialismo eran etapas aplastantes para que pueda olvidarse;
el gen que llevaba dentro de su estructura física impedía negarse por sí mismo.
Los abuelos le habían enseñado la existencia del
conocimiento sobre el equilibrio cósmico,
esta se hallaba en la lozanía de hombres
y mujeres de estos parajes. Domesticación de flora y fauna, manejo productivo en pequeños territorios………..bien, mucha
información pendiente para cualquier lector.
Aquí en estos territorios afloraba la cosmovisión andina.
Alimentados por la resistencia a mantener su identidad, pese a la presión
cultural y el desarrollo en el mundo actual. La razón fundamental del cosmos – pensamiento
se manifestaba a diario, centrado en la
satisfacción alimentaria del día a día. Punko conocía estos secretos y para
ello, ya existían cultivos nativos domesticados, expresiones verificables de
los múltiples conocimientos de ingeniería. Era notorio los acueductos, colcas, cisternas,
terrazas, puentes fijos y colgantes; los pobladores todavía usaban herramientas
ancestrales, entre la chaquitaclla y el casho había un tiempo de espera; sembraban con la influencia del sol, la luna y
respetando otros fenómenos naturales. En tiempos de heladas constantes era
costumbre quemar el estiércol de los ganados para influir sobre las plagas, enfermedades y la
fertilidad.
Punko padecía de eso que la ciencia llama, incidencia a la
neurociencia, susceptible de reflexionar en todo momento desde un pequeño
estimulo en su entorno, hasta percibir grandes efectos en el espacio. La función que desarrollaba como especialista de
las ciencias agrarias y ambientales le permitía ingresar a este nivel de reflexión.
También, era ser humano y como todo ser
humano susceptible a los complejos de personalidad.
Todos tenemos un momento de miedo. Miedo cuando tenemos que
cambiar nuestra forma de vida y opinar diferente. Miedo cuando tienes que
realizar una simple solicitud de trámite. Miedo al recibir un premio por la
honradez. Miedo por no entender el entorno que nos rodea. Miedo por intentar
descubrir nuestros propios temores. Y así, nos encontramos con nuestra propia
realidad, la que nos abraza en una camisa de fuerza, del cual, muchas veces
estamos imposibilitados de salir. Es nuestro propio ser el constructor de
nuestros sueños en el espacio de la realidad. En ese trance, fue cuando Punko
cayó en profundo descanso, abrigado por el calor de los pellejos de oveja,
estimulado por los relatos y mitos que los pobladores guardaban de generación a
generación, había mucha sabiduría por entender. De esta cosa, brotó la fuerza
para aproximarse a los fenómenos poco percibido por el ojo humano, del resultado se convenció, esa zona era
absolutamente femenina. Esta afirmación se puede percibir en una roca empotrada
en el centro del patio de un residente, en la que se puede notar con ojos
crecidos de una máquina moderna el clítoris femenino. Como, así también la roca
madre avistada en lo alto de Pawarmarca, cargando a su llullito y custodiado
por dos guardianes llegados desde las galaxias.
Muchos pobladores afirman haberse encontrado con una mujer
en el sendero, estos caminos que conducen al lugar lóbrego de sus pueblos. Esa
mujer que al aparecer desprendía mucho
resplandor, era alta y de largos pelos, con ojos que no se podía ver y de labios que no querían hablar. Algunos,
posiblemente exageraban tanto luego de verla; la gente esperaba el amanecer
para decidirse y transitar esa ruta.
Punko se involucró al segundo día de su estancia en Paracsha y luego de haber recorrido los altos de la
zona rocosa, donde realizó una
evaluación del impacto ambiental en el tramo correspondiente a la trocha carrozable, ocurrió el contacto menos
esperado. En horas de la siesta nocturna y en pleno dominio por la soledad
andina, Punko tuvo que soportar a un duende que quiso dormir sobre su cama,
aplastándole los pies en dos oportunidades. El temor y el misterio lo agobiaba, hasta que tomó la
decisión de levantarse y protegerse con una acción circundante en torno a su
lecho. Decidió orinar en círculo, protegiendo el espacio de su lecho y con el objetivo de espantar al
misterioso personaje. Al momento del desayuno le prestó atención al relato de
Alem. Pareciera que todo fuera parte de una necesaria concatenación energética,
al escuchar el relato del sueño del guía Alem, sobre una mujer brillosa y quién
le reclamaba la poca disposición de la población por atender sus reclamos.
Fueron tantos las evidencias de la presencia de energías
por contactar en esa zona. Es aquí, cuando el mito se hace realidad. Una realidad tan simple, muy simple para los
lugareños y misterioso para los aventureros.
Están allí, la cumbre de Pawarmarka y la quebrada que lo une a Agoshragra; la cumbre Pinkuyo , del que nace
un riachuelo, sobre el que se ha construido el puente Shongopunko; también Auquinquishuar
quien permite se forme una pequeña laguna, de donde beben los animales y afirman
los pastores que sirve para aumentar las crías. Estas prominentes, naturales
formaciones son dependientes geológicamente
de la cordillera Waywash y son afectadas por la presión de la principal
laguna de Lauricocha, abortando en su frente occidental una serie de subterráneas vertientes de aguas cristalinas.
Punko al parecer había olvidado los sucesos, por eso que aceptó usar el tiempo de su descanso en
realizar el plan adicional que había diseñado; para ese fin de semana debía
recorrer los hitos señalados por los lugareños, conocer mejor el territorio a fin de evitar
percances mayores. El sábado por la tarde fue a pescar cerca de las cataratas
de Judioragra. Convinieron con Israel para salir juntos. En estos tiempos, las lluvias caen en
abundancia y aumentan el caudal de las aguas del río. Israel en forma atrevida,
decidió atravesar la quebrada, en forma audaz y sobre un árbol de quinual,
hacía malabares para pasar a la otra orilla. La intención fue necesaria para
mejorar la pesca, hasta el momento no
atrapaba ninguno. Mientras el Israel pescaba, él decidió acostarse sobre la hierba húmeda, ganaba
bastante con abrazar la frescura de la
ribera del Nupe, antes que seguir al pescador. Ya de tarde despertó por el
golpe de una brisa sobre la piel de sus
mejillas. Abrió los ojos algo asustado por la plácida tranquilidad del ambiente,
permitió que sus manos cojan algunas piedrecillas para arrojarlos infantilmente,
luego de percatarse la ausencia prolongada de Israel. Al final, absortos por el
cauce del río Nupe, regresaban sin presa ni pesca.
Ese día sábado planificaron el recorrido del día domingo.
Así fue, por la mañana, despertando a
fuerza de abrir los ojos y exigir a sus músculos en abandonar la abrigada cama
y en contraste al feroz frío tuvo que recurrir al abrigo de la poca ropa que
poseía. Punko trataba de imprimir entusiasmo y centrarse en el objetivo, aquel
del cual tuvo como meta para satisfacer las interrogantes irresueltas, llegar a las ruinas de Pawarmarka. Subiría a
las cumbres por el lado que Israel había indicado y lo hizo con la confianza de
obtener buen resultado, propio de un
buen día, de azul espejo en el cielo. No
obstante, debería tener la certeza de caminar con cuidado, el solo hecho de resbalar por la pendiente o
quebrarse el tobillo confirmaría la
fatalidad, por allí la circulación humana era escaso y probablemente sin
auxilio alguno quedaría pendiente de la inclemencia del ambiente. Punko encontró en el horizonte de los ojos de un cóndor la forma de avizorar a una
fémina, quién parada sobre el pajonal dirigía su mirada sobre el amplio
panorama del río Nupe; resolver las características del
perfil físico de ella sería muy difícil: Era alta, vestida de una oscura
túnica de color marrón ocre, de fisonomía delgada y bastante confiada la tipa.
Punko acentúo la mirada, como los ojos de la luciérnaga en las noches,
impresionado y atraído por el encanto del paisaje y la extraña mujer de agradable
presencia, observaba en los movimientos de la tipa una conducta inusual. Ella
había inclinado el tórax sobre sus
posaderas y recostaba la cabeza al interior de las dos manos, en señal de
cansancio. En esas condiciones, entendió Punko, la predisposición de la dama
para dialogar con él, una relación de dualidad entre él y ella. No ocurriría
ningún mayor percance de esa atrevida
osadía, ni de él ni de ella, tampoco la soledad sería una justificación de
la huidiza pastora. Caminó un poco más,
posiblemente unos cien metros para
intentar llegar y sentir el aroma femenino, el que no ocurrió. Tan distraído y
por evitar caer en el lodo, inclinó la mirada en su afán de
esquivar el oconal. Después y luego del salto en zigzag que hizo,
levantó el rostro con el mismo ánimo de encontrar a la pastora; pero, ¡oh!
alucinación. Tan raro le pareció al percatarse
que ya no estaba en ese lugar, había desaparecido la dama. Punko aceleró los
pasos, ubicándose en la misma posición
de la misteriosa fémina. Ni al lado izquierdo, ni al derecho. No había signos
de pastoreo, ni animales que justificaran la presencia de una pastora. Atinó a
jalar una hebra del alto icho y empezó a
morderlo, había perdido el control del momento, cuando se empecinó en buscarla
con resultados infructuosos. Un poco más tarde convencido de la desaparición
definitiva de la pastora, decidió continuar hacia el objetivo trazado para ese
día.
Punko persistió en su caminata hacia la cumbre, hacia esa cumbre donde se vislumbraba el perfil de rocas,
cuando, por un golpe de luz reflejada
sobre el rocio, fue a depositar su mirada a
una de esas piedras misteriosas que llamó su atención, para eso abríase
desviado unos metros del camino. Las características de la roca maciza no son
similares a las múltiples que hay en este lugar. Punko comprendió la situación,
era la segunda señal de una fuerza misteriosa que pretendía ponerse en contacto
con él. Pudo ser un apéndice del espacio cósmico, la que cayó por decisión
inteligente y lo lógico era saber compenetrarse con el anuncio por delante; es
así, para generar atención a los sentidos de Punko, la roca cristalina mostraba por la parte plana, la descripción de sistemas planetarios, al tocarlo ocurrió un
trance de conexión galáctica con sus inventores. Punko estuvo lúcido, estaba
cuerdo, con solo colocar la palma de sus manos ya habíase trasladado al espacio
extraterrestre, de esa posición observó el triángulo formado por las cumbres de los cerros
Pawarmarca, Pinkuyo y Aunquinquiswar, sus intersecciones de aristas formaban
esta figura geométrica, haciendo de ella algo más complicado porque en el
centro de la proyección de estas
intersecciones, se encontraba Saporumi, lanzando centelladas al espacio, allí,
donde él se encontraba, junto a los seres inteligentes. El objeto que poseía en
sus manos tenía forma de prisma, con muchos iones circulando a gran velocidad y
uniendo iconos de equilibrio, esta daba muestras de ser un ascensor atómico.
Muy veloz, tampoco podía ser un sueño, si en esos momentos estaba
despierto. Al fin, y en pleno flujo de los vientos helados logró abrir los
ojos, para continuar y llegar a los
restos arqueológicos de Pawarmarka. Había llegado al conglomerado de rocas dispersas,
aquí donde los seres humanos antiguos decidieron construir sus viviendas en
espera de los dioses del cielo. Un lugar perfecto, para estas cosas. Desde este
punto se avizora muy bien a Pinkuyo y también Auquinquiswar. Pawar fue vista
muchas veces caminando por estos pajonales y golpeaba siempre a unas rocas para
hacerse sentir, emitiendo sonidos
diversos como una forma de divertirse:
- ¡Timmmm….! cuando era el golpe con piedra
pequeña.
- ¡tammmmmmmmmmm! cuando el golpe se realizaba con otra
piedra grande.
- ¡“Campanarumi” , “campanarumi ”! gritaban los lugareños
desde sus estancias.
Punko, fue invitado a pernoctar en una de las chozas de
piedra, donde pudo reconocer a la chica de los pajonales, cuando subía la cuesta.
Era ella, Pawar. Al interior de la choza
se sentía un ambiente de abrigo, también de amistad, comían papa de la última
cosecha, bebían un mate de wachangana y pidieron a Punko ayude a ordenar los
huesos de la doncella, los que fueron saqueados por la codicia humana. Ellos
pertenecían a lo inmaterial y les era imposible tocar la materia. Punko pudo
estar mucho tiempo en estado de hipnosis para entender el hallazgo, pero muy poco el tiempo para terminar
de estudiarlo, salió a la intemperie y mirando el reloj de pulsera comprobó lo
tarde que era. Asumió un compromiso, al pactar con los ancianos un ritual para
ordenar los huesos dispersos de la doncella y volverla al
estado anterior de reposo, debajo de la tierra de donde fue extraída
violentamente.
Punko mantenía en reserva lo sucedido, los compañeros en el
campamento vivían otra lógica, al fin y al cabo, el solo hecho de comentar los
acontecimientos, serviría para acusarlo
de trastornado, huaquero y más
apelativos; así, prefirió olvidar lo
sucedido en Pawarmarka; se imponía la premura y el interés por avanzar la obra,
por lo tanto debería concentrarse en presentar su informe de campo.
Percibir a la naturaleza externamente es de maravilla,
entenderla en su dimensión misteriosa es propio de mentes prodigiosas. Al
iniciar como siempre sus labores en la carretera y en la noche los trabajadores
se regocijaban, como siempre en el
campamento. Todos, copando los espacios cedidos dentro de la cabaña, construido
para recuperar las fuerzas mediante la ingesta de alimentos y el sueño logrado
en la abrigada cama, dormían. Los primeros brillos de la luna y cuando la noche copó el campamento en su
máximo esplendor, a nadie se le vino la idea de una serie de acontecimientos
impredecibles. El campamento se había construido en la misma vertiente de la
quebrada que conducía a Pawarmarka. Allí, dentro del local construido, se
dormía por costumbre comunitariamente, haciendo esfuerzos por conservar el
calor en los colchones. Esa noche,
allanaron el campamento energías extrañas. El silencio fue interrumpido por el
quejido de Cirilo, el almacenero de la obra, gemía al momento de dormir; gemía y gemía pretendiendo
librarse de algo que solo él lo sentía. Los compañeros de Cirilo, alarmados de
las circunstancias, golpearon la pared
del triplay del almacén, por segundos todos quedaron mudos, en temeroso y
silencio absoluto. Luego, hablo Cirilo:
- ¡Ya! ¡ya! ya paso la cosa, en mis sueños me abrazaba una mujer con ansias de matarme.
Una hora más tarde, luego del desenlace con Cirilo, ocurrió
similar acontecimiento con Jhony. Este también afirmaba que una mujer le apretaba el cuello; él evito mencionarla con mayores detalles por
cierta vergüenza. Entonces, fue el momento para que Punko salga al exterior, con autoridad enfrentó a los extraños seres y Pawar.
Al salir hacia el patio, con la velocidad de sus ojos y pretextando miccionar, pudo
apreciar el ambiente frio y misterioso. Antes, no dudó en llevar en la mano el serrucho de acero, en caso sea necesario
defender su vida. La luna abrazó a Punko
en su totalidad, con una mirada de ansiedad sobre el terrícola; él apretaba los puños y con los sentidos en
alerta para no caer en el flujo del encanto. La helada y claridad del ambiente pretendían atraparlo,
someterlo, triturarlo, hasta que, se apareció Pawar, tan igual como aquella
mañana:
- ¡Punko! ¡Punko! - llamaba ella.
- Aquí estoy.- respondió-
- Tu promesa, has faltado a tu promesa Punko.
- ¡Ah, eres tú la chica misteriosa! Pawar, te pido no ataques
a mis compañeros de trabajo y reitero mi compromiso; al inicio del día estaré contigo,
allá en tu morada, para cumplir lo pactado.
- Punko, te dimos a conocer los secretos del cosmos y pareces la persona indicada para intercambiar
acciones ¡cumple con lo pactado y nosotros estaremos contigo cuando nos
necesites!
- Bien amiga estaré allí conforme lo convenimos.
Punko, al amanecer cumplió con lo dicho a Pawar. Hizo lo
mejor para llegar a Pawarmarka. Una vez allí, efectúo la ceremonia juntando la hoja de coca, el agua de puquio y quemando una porción de ichu. Luego, ordenó
los huesos del cadáver, cubriéndola con ceniza los restos de la fémina y así viva en la
eternidad.
Masticando la hoja de coca y en concentración mental,
recibió a los ancianos de Pawarmarka en
momentos que cumplía con la promesa, ellos entregaron a Punko el prisma de la
eternidad, en ella estaba resuelto el mañana y el pasado; era la llave, para
cuando camine por estas tierras y se reencuentre con sus ancestros. Y así, Punko
cargado de sus quipichados, continuó sus labores. El cristal de la amistad lo
llevaba en su interior, dispuesto a usarlo en el mejor momento, cuando requiera la presencia del cosmos en su
naturaleza divina.
Mamá no se fue de vacaciones
En la ciudad existía una familia muy alegre,
amigable y comprensiva, pero faltaba
algo. El papá se llamaba Luciano, la mamá se llamaba Anahí y tenían dos hijos,
Paco y Luna. El papá vivía muy estresado, en el trabajo exigían y presionaban
demasiado, de eso siempre se quejaba. Ella, la madre, se sentía muy feliz,
agradecida con dios, por los hijos que le permitió parir. Luciano, pese a ser el padre no conocía a sus
hijos y ellos solo demostraban tristeza. Pero, la mamá decidió realizar un plan para ausentarse. Dijo: “Me iré de
vacaciones para que Luciano conozca más a sus hijos y aprenda la lección”.
Al siguiente día, la mamá se fue de vacaciones, en
realidad no hizo uso del descanso
planificado. Ella, recorría a diario por las calles del barrio, tapándose el
rostro con un largo pañuelo de seda, preguntando siempre por sus hijos. Al
acercarse a su casa encontró un letrero, que decía: ¡NECESITO NIÑERA
URGENTE! Y Anahí no lo pensó dos
veces, se fue a disfrazarse de niñera y
pidió a su conciencia le aumentara la edad. Así fue. Tocó la puerta de su casa
y salió el papá. La recibió con una
sonrisa en el rostro y le pregunto sobre
su experiencia en criar niños hiperactivos. Ella, al ver a sus hijos dijo: “No
se preocupe señor, se parecen a mis hijos, sabré entenderlos”.
Los días pasaban y los niños se sintieron de agrado
con la niñera, podían hacer muchas cosas, tan igual la madre lo permitía. La niñera conocía muy bien los hábitos de los
niños y el padre. Preparaba las comidas
que acostumbraban a comer, sabía que juegos les gustaba, la hora que dormían y
la porción de dulces por ingerir.
Los niños, al comprobar la eficiencia de la niñera
comentaron al papá, que la señora se parecía a mamá. Luciano no les creyó, pensó y dijo: “Es
el momento por conocer a mis hijos, extrañan a su mamá”. Entonces el papá
planificó mejor su horario y abrió una agenda, en ella anotaba todo lo que
hacía la niñera. Todo, sin temor a equivocarse. Comida a gusto, los hábitos por
jugar y la porción de golosinas en las mochilas, antes de enviarlos a la
escuela. Salía con ellos, se divertía con gran agrado; visitaban los cines, piscinas, restaurantes, los parques. Luciano consultó la hora en su
reloj de pulsera, los niños se percataron de eso, tanto fue la impresión del
tiempo perdido, para darse cuenta de un
gran cambio en su vida. Ni estrés, ni más dolores mentales y entonces la tristeza hizo una grieta al
interior de sus sentimientos. Sin dudarlo llamó a su esposa Anahí y con voz
llorosa le dijo: “Regresa pronto a casa, que ya aprendí la lección, conozco más a nuestros hijos, todo va a
cambiar”.
Y desde entonces,
ellos viven en un hogar con mucho amor y diversión. Eso sí, jamás supo que la niñera era su esposa. Ella
había renunciado un día antes, para regresar a casa.
-
Mami
¿cómo fue tus vacaciones? Te noto agotada y al parecer con lágrimas en los ojos.
-
No te
preocupes bella, aquí está tu madre, la niñera de tus sueños.
JACUMIRI, PITZAQUE Y YONQUE
Muchas,
millones de gotitas de agua se juntaron para formar el rió, Pitzaque se asomaba
sobre la superficie haciendo remolinos, Jacumiri soplaba también sobre el ras
para formar muchas oleadas. Según la ciencia el agua está constituido por dos
elementos químicos: el hidrógeno en dos partes y el oxígeno por sí solo. Y
aparentemente estos darían vida al rio. No era así. Había otros elementos,
interactuando cotidianamente, afanados en vivificar las aguas de arriba y
también las de abajo.
Al
viajar por el río te anima a sumergirte en la dinámica de las oleadas y los
remolinos, estos se juntan para vivificarlo, haciéndolo voraz, temible,
agradable y hospitalario. Pitzaque y Jacumiri se conocieron en el río; remolino
y viento se unieron en el corazón para vivificar al río.
Por
las orillas, siguiendo la corriente, una perdida caña brava mostraba sus
largas hojas verdes sobre el agua, con
el tallo sumergido y los rizomas que brotaban de sus yemas axilares, estos se movían asimétricamente, en el convencido y
apasionado deseo de recorrer el río. Yonque cortaba las aguas del río con sus
hojas, lo venía haciendo desde varios días, ya exhausto y muy cansado de
soportar las vicisitudes, pensaba sucumbir en las entrañas de la masa acuática.
En ese momento se sumaron Pitzaque y Jacumiri llevándolo hacia un largo remanso
en base a coquetería, reteniendo la creciente y capturando la palizada. Aquí
nació una amistad, conjugaron culturas, jugando como en el recreo estudiantil y
en espera del sonido de la campana; por casualidad que acostumbra darnos la
naturaleza, también celebraban la fugaz
incorporación de una cabecera de mijano.
Yonque
venía de las zonas quechuas andinas, ahí, por el frío del ambiente, es delgado
y muestra abundante vellosidades, pero por decisión de sus ancestros fue
enviado aguas abajo, arrastraba nutrientes en momentos que fue arrancado de sus
raíces.
- Allí,
encontrarás nuevas formas de supervivencia-le recomendaron sus padres- Viaja
con imaginación hijo, serás importante para ellos.
La
profecía de sus padres fue tan exacta, es propio de sabios y gente que se
encuentran conectados con la magia de la
vida y en búsqueda de la armonía consigo mismo.
Es por eso que fue avistado por Jacumiri y Pitzaque, ellos eran parte de
la armonía. Llonque pudo hacer concordar sus movimientos, haciendo fuerza en
forma de truncos abanicos, resistiendo al oleaje de la creciente y la fuerza
del viento. Movía los rizomas, ayudándose a equilibrar su permanencia, mediante
movimientos tipo hélice, desde la parte donde se encontraba sumergido. Llonque,
siempre fue precavido, ya le habían advertido sus padres, por eso, sabía que
tenía que estar atento ante los golpes energéticos del río; entonces, empezó a
nadar introduciendo el filo de sus hojas sobre las moléculas del fagocitante
remolino y elevándose sobre la olas, salía y en ciertos momentos desaparecía
para volver a flotar.
Pitzaque
formaba los remolinos y Jacumiri por su corta edad consumía rápidamente sus
energías para hacer olas. Yonque no era
tan avanzado de edad que ellos, pero su cultura de obediencia a sus ancestros
le obligaba a cumplir con el cometido, le habían aconsejado que busque remansos
porque de ahí en algún momento sería arrojado por una corriente muy cercano a
las restingas. En esas playas podía reproducirse y dejar descendencia.
El
ánimo de niño confundió a Pitzaque, Jacumiri y Yonque quienes jugaron y jugaron
con tanta armonía; juntos, formaban la unidad en la diversidad para un fin
común; remolino, viento y caña brava, también eran parte del río.
Hoy
Yonque tiene una familia muy numerosa en las playas y restingas, es más alto y
grueso, se encuentra trenzado en su base por sólidos rizomas y recibe en cada
creciente a Jacumiri y Pitzaqui, dialogan y conviven. Así, constituyen una
amplia zona de convivencia. Juegan y se alegran. Hasta que apareció el hombre
surcando las olas, con grandes motores, atrapando al remolino en sus hélices; las cañas bravas caían de los barrancos por
miles y miles. Era el anuncio de una nueva creciente llamado modernidad.
Rosa y
Tritón
Siendo tiernos jugaban en el bosque, aquí muy cerquita,
junto a la gran ciudad. Todos sabían de la existencia de una señora traviesa.
Ella se llamaba Rosa y volaba de copa a copa sobre los árboles, mostrando con
elegancia una chalina roja alrededor del cuello y una lúcida túnica de color
negro sobre su cuerpo.
Un día de plena luz solar, la vieron rascando el suelo y así,
por orden natural buscaba algo dentro
las hojarascas. Alborotada, comenzó a picotear sus alas, de arriba hacia abajo, haciendo un desastre de las pocas plumas que cubría
los alones. Otro día cambiaba de rutina y descansaba sobre las ramas de un
enorme árbol, de donde podía mirar la superficie del bosque, los movimientos en
su interior, hasta que por cansancio optaba por levantar el vuelo con rumbo
desconocido.
Tantas travesuras de Rosa, Tritón y sus amigos,
hasta que un día menos esperado,
llegaron unos hombres con un largo serrucho veloz, partieron primero en uno al
árbol donde Rosa acostumbraba a descansar,
luego en dos y tres trozas. Para su suerte ese día Tritón y sus
amiguitos fueron en busca de comida al interior del bosque y no percibieron la
caída del gigantesco árbol, tan igual por los daños que causo al caer. La
madriguera que tenían dentro de las aletas del árbol gigante también fue
destruida. Rosa ya no podía saltar, ni
volar, por nada del mundo volvería a ser igual. Rosa lloraba, no dejaba de
llorar. Tritón, también se sentía triste por dentro, no lloraba, pero cada vez
que Rosa mostraba su pesar, él también
sentía la pesadumbre en su cuerpo.
Hasta que decidieron unirse, dos partes en uno. Caminaron unas horas, sin
cansancio, lentos y seguros. Encontraron un nuevo árbol con las mismas
características. Volvieron a vivir en armonía. En un lugar lejano, viven ratos
felices, Tritón, sus amigos y Rosa. Ella volaba de felicidad, luego de crecerle
nuevas plumas. Él y sus amiguitos saltaban de alegría hasta caer sobre sus
corazas. Les complacía hacer de todo, desde cantar en las mañanas y tardes,
hasta soplar como el viento durante el día. Si deseas puedes ser parte de
nuestra amistad. Estamos en espera.








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